Humildad y soberbia al mismo tiempo

En una columna que Rosa Montero escribió en El País Semanal indica que el compositor Philip Glass trabajó de taxista hasta los 41 años para poderse mantener.

Glass era conocido en el ámbito underground de Nueva York, pero el prestigio obtenido por su música no le era suficiente para vivir.

Pienso que Glass, así como todas aquellas personas exitosas que han explotado en la mediana edad, combinan humildad y soberbia, algo que los mantiene a flote y que los dirige hacia su destino.

Creo que los emprendedores deben tener un poco de ambas características humanas, ya que podrán ser flexibles en sus planes cuando la situación así lo aconseje, aunque tozudos para hacer la travesía por el desierto, con la seguridad de que su camino es el mejor (o el único) para ellos y sus iniciativas.

Humildad para reconocer que aún se puede mejorar en aquello que uno hace.

Soberbia para saber que lo que uno hace es bueno, a veces, jodidamente bueno.

Humildad para saber que hay veces en que el plato de lentejas le toca a otros, antes que a uno, por las razones que sean.

Soberbia para saber que cuando te toquen las lentejas serán las más deliciosas del mundo, y apreciarlas.

Humildad para agradecer lo que hayas conseguido.

Soberbia para aspirar a más.

Humildad para saber que a veces hay que sobrevivir.

Soberbia para prevalecer.

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